Si

hubo noches en que mi voz

discurría por el laberinto de tu nombre

y el aroma de los  árboles

seducidos por humedades de sombra

anidaban en la saturación de tu labios

mientras a lo lejos

una ave cegaba con sus alas

la floresta marchita

por no se que cenizas de sol.

Si

hubo noches

en que la luna oscilaba en péndulo

marcando ritmos de luceros

pero no era luna

era el eco de tu nombre en aquel laberinto

asechándolo todo

el que ahuyentaba el sueño.